Carta de un perro callejero
marzo 3, 2009
Queridos amigos:
Quiero iniciar esta carta presentándome. Soy Federico Losantos Trotsky, un perro bodeguero andaluz. Mi apellido se lo debo a mi madre, comunista fervorosa. Mi primer nombre, a García Lorca. Y mi segundo nombre se lo debo a mi vecina, que se lo pasa bien concediendo apodos a los demás. Fui un perro callejero hasta el día en que mis padres me recogieron de una perrera granaína y me convirtieron en lo que soy hoy, el perro más feliz del mundo.
Cuál es mi relación con esta página, os preguntáis. Pues bien, resulta que mi padre es uno de los autores del blog. Él tenía el deber de escribir una entrada acerca de las calles de Barcelona que tienen nombre de gremio, pero eso nunca sucedió. Es por ello que, en señal de agradecimiento por todas las cosas que ha hecho por mi, yo hoy voy a redactar ésta entrada en su lugar.
El sábado pasado mi amo dijo que no íbamos al parque: “hoy toca hacer una ruta por el barrio antiguo, necesito un entrada para el blog de los cajones”. Cogimos el ferrocarril y fuimos al centro. La ruta inició en el carrer escudellers, libreta en mano. Mi dueño escribió que dicha calle era el centro del gremio de los terrissaires, pero después lo tachó por no saber el significado de esa palabra (que en realidad significa alfarero, es decir, los que hacen vasijas y objetos de barro).
Lo mismo sucedió en el carrer obradors: sabía que esa era la calle del gremio de los ollers, pero no sabía que hacían los ollers. Yo si se que eran los que hacían ollas, y que compartían calles con los gerrers (que hacían jarras) y los rajolers (de rachola).
Por el carrer d’Avinyó, que debe su nombre a una familia de ricachones, llegamos al carrer Ferran. Yo sufría porque sabía perfectamente que mi amo, por pereza, se estaba saltando muchas calles de gremios, pero me tranquilicé cuando él dijo que sus compañeros de clase eran todos unos ignorantes, y que nadie conocía todas las calles de Bcn dedicadas a gremios.
Después de cruzar la calle dedicada a Fernando VII llegamos a la vía layetana, que homenajea al pueblo pre-románico. Mi amo dijo que íbamos al Borne, a buscar “una o dos calles de gremios, y va que chuta”. Una vez más, increpé a mi amo por su vagancia. Una vez más, fue en vano.
Sonreí al llegar al carrer princesa, porque me acordé de mi amiga María, a pesar de que mi amo dijo que la calle estaba dedicada a la princesa Isabel, hija de Isabel II. Pasamos por el carrer de l’argenteria, donde estaba el gremio de los argenters, que eran los que trabajaban con plata y otros materiales preciosos. Pasamos también por el carrer mirallers, dedicado al gremio de los que hacían y vendía espejos. Agullers, consellers, flassaders…
En el carrer dels sombrerers mi amo entró en una tienda a preguntar, pues no podía descifrar de dónde provenía ese extraño nombre.
Cuando estaba a punto de descubrir el origen del carrer dels corders mi amo se distrajo, porque leyó el nombre de una calle llamada “carrer de les mosques”, y dijo que lo de las moscas le parecía un tema mucho más interesante que lo de los gremios. Añadió que le iba a decir a la pringada de su compañera de grupo que lo de los gremios lo escribiera ella, porque era un coñazo.
Así que queridos amigos deseosos de conocer los orígenes de las calles de gremios, tendréis que buscarlos vosotros mismos, yo no puedo más con vuestra sed insaciable de conocimientos.
Mind the gap, please
febrero 21, 2009
Imagínese que vive en un apacible barrio de Barcelona. Y que un día los jefes de su universidad se confabulan y deciden construir un nuevo edificio en el punto de su ciudad que esté lo más lejos posible de su barrio (pa’joder, con perdón). Imagínese que Usted todavía no tiene carnet de conducir. Le tocará, como a mi, usar el metro.
Resulta que yo no soporto ir en metro*. Por mil razones. Por los olores y vapores nauseabundos. Por el niño de 14 años al que sus padres no le explicaron que hacer tanto ruido comiendo chicle puede enervar a los demás. O por el otro, el que está detrás de ti, el que tose con la boca abierta justo detrás de tu nuca. O por la jungla en que se convierte el andén cuando hay 500 personas desesperadas por subir a un vagón en el que caben 90 personas. También está la señora pesada que se queja de que tu bici ocupa demasiado espacio. O las escaleras, que cuando tienes mucha prisa nunca funcionan. En fin, si alguno de vosotros, queridos cuatro gatos que leeis esto, va en metro, seguro que se le ocurren cosas peores.
Pero no todo en el metro es negativo. El transporte público también tiene cosas buenas: por ejemplo, estimula la imaginación de sus usuarios. Más que nada por la necesidad que tenemos todos de abstraernos durante esos minutos. Yo ya hace tiempo que me puse a idear pasatiempos para que el trayecto transcurriera lo más rápidamente posible. Al principio usaba el I-pod, pero pronto me di cuenta de que la Ley de Murphy nunca fallaba: los pocos días en que el i-pod tenía batería, entraban un gitano y su acordeón en el tren y Jack Johnson al carajo. Leer un libro imposible. Y si intentas hojear un diario gratuito, puede ocurrir que el de al lado lo quiera leer contigo. También están los juegos de móvil, escuchar las conversaciones de los compañeros de vagón (esa a mi me encanta!), o sencillamente observarlos y intentar descifrar algo de sus vidas.
Y finalmente está un pasatiempo que descubrí recientmente y que enlaza con el tema de nuestro querido blog: adivinar las raíces de los nombres de las estaciones. Pues bien, las paradas de la línea roja desde Plaza Catalunya hasta Glòries (parte del trayecto que yo hago cada día) tienen este orígen:
-Plaza Catalunya: la plaza que está encima de la estación. (Por favor, necesito que alguno de los cuatro gatos que leen el blog me explique que hace un Dunkin Donuts metido en el metro, ¿a nadie más le parece antihigiénico?)
-Urquinaona: plaza dedicada a un obispo, José María Urquinaona Bidot, antes se llamaba “Plaza del Obispo Urquinaona”
-Arc de Triomf: hace referencia al arco del Passeig de Sant Joan, que se construyó para la exposición universal de 1888, y que era la puerta de acceso a la feria.
-Marina: se llama así porque está en la calle Marina, que a la vez se llama así en honor a la marina mercante y a la marina militar catalanas.
- Glòries: porque es una gloria para todos nosotros bajarse del metro. Incluso si es para ir a la universidad.
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* Desde luego, mi repulsión hacia el metro no es tal en las ocasiones en que vuelvo a casa con mi vecino, X.O.
La crónica: Barcelona dedica una plaza a Montalbán
febrero 17, 2009

Maruja Torres rinde homenaje a su amigo Manuel Vázquez Montalbán (Fuente: propia)
La plaza que colinda con la rambla del Raval se va llenando de gente bien arreglada. Es el mundo de Montalbán. No todos le conocieron, pero la emoción se palpa en el ambiente. Aparece Maruja Torres masticando un palo de regaliz y con un enorme bolso rojo, y desaparece al instante engullida por las cámaras. “Manolo era grandioso” dice la escritora catalana, que ha resucitado a Vázquez Montalbán en su último libro. Ambos fueron amigos de infancia y crecieron en el barrio.
Seis años después de la muerte del escritor y periodista que revitalizó el género negro en España, el Ayuntamiento quiso rendirle homenaje ayer a mediodía, bautizando con su nombre una nueva plaza surgida de la reestructuración del Raval. La primera en hablar fue la viuda del homenajeado, Ana Sallés, visiblemente emocionada: “Lo importante es que le leamos. Es lo que todo escritos desearía”.
Lo cierto es que el prolífico escritor ha dejado obra hecha para rato; dieciséis libros que componen la famosa saga del detective Pepe Calvalho, y varios tomos de ensayos y poesía. Desde que escribió su primer libro “Informe sobre la información” en la cárcel de Lérida – donde pasó tres años por su militancia antifranquista – sus obras han sido una crónica penetrante de la España post-transición, y en concreto de la Ciudad Condal.
En su parlamento Maruja Torres pidió no llorar por él, sino “por todos nosotros que le hemos perdido”. Dijo lo que pensaba, sin pelos en la lengua: “A Manolo no le habría gustado esta plaza; él detestaba las plazas duras”. Manolo, como le llaman sus allegados, nació a dos calles de la plaza, y el Raval fue su inspiración. A unos pasos de allí se encuentra Casa Leopoldo, el mítico restaurante donde se reunía la fauna intelectual del barrio, Montalbán incluido.
Habló por último el alcalde de la ciudad, Jordi Hereu, que se dirigió al público con las manos en los bolsillos: “Este Raval que siempre irá cambiando no olvida”. Y entonces Ana Sallés descubrió la placa con el nombre del escritor, y se abrazó a Maruja. Desde la pared, una enorme pancarta con el retrato de Montalbán observaba la escena sonriente. Lo único providencial es la muerte – decía éste – y todo lo demás instinto y cultura.
Movimiento Ciudadano por el Reconocimiento de El Ilustre
febrero 10, 2009
A tenor de que el blog se consolida día a día como la bitácora sobre calles más visitada de este país, gracias esencialmente a que nadie más se le ha ocurrido dedicar sus tardes a este efecto, queremos a partir de hoy iniciar una campaña que movilice a millones de ciudadanos reclamando una calle, ¿qué digo una calle?, una plaza o un parque por lo menos, con el nombre del ilustrísimo periodista Don Arcadi Espada.
El procedimiento es sencillo. Para conseguir que se reconozca en Barcelona la grandeza de tan magno escritor, todos los usuarios que participen del movimiento deben seguir los siguientes pasos:
- Dirigir-se a la página del ayuntamiento: http://www.bcn.es/nomenclator/
- Enviar un email a la dirección de correo nomenclator@mail.bcn.es dirigidas al concejal de Cultura del ayuntamiento con el siguiente contenido:
Estimado Jordi Martí Grau,
Yo, ……………………………….., ciudadano de Barcelona, quiero solicitar que el señor Arcadi Espada sea honrado con el nombre de una plaza o parque de la ciudad, por su impagable contribución a nuestra tierra y nuestra cultura.
Propongo, por ejemplo, cambiar el nombre del Parque de la Ciutadella por el Parque de Arcadi Espada.
Soy consciente de la existencia de la norma por la cual deben haber transcurrido cinco años desde la muerte de quien quiera honrarse. Creo, sin embargo, que este caso merece una excepción.
Atentamente,
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PD: sugiero asimismo que, en el caso que finalmente se conceda cambiar el nombre del Parque de la Ciutadella por el de Arcadi Espada, seria maravilloso que un busto dorado del Señor reemplazara la estatua del enorme mamut.
3. Esperar que la Ponencia de Nomenclator, presidida por el ilustre President del Institut de Cultura de Barcelona, oiga nuestras plegarias.
Aquí empieza el Movimiento.
Calle del Aviador Franco
enero 25, 2009
Después de recorrer el pasado franquista de las calles de nuestra ciudad, decidimos buscar si alguno de esos nombres de la dictadura quedó con vida. Vamos al Nomenclátor del Ayuntamiento de Barcelona, y buscamos calles con el apellido “Franco”. Hay una: Carrer de l’Aviador Franco. Se trata de una pequeña callejuela situada en la Zona Franca. Por un extremo desemboca en la calle del aviador Durán, y por el otro llega a la calle del aviador Ruiz de Alda. El enlace nos indica que la calle está dedicada al aviador Ramón Franco y Bahamonde, nacido en el Ferrol, la Coruña, en 1896. Se trata, evidentemente, del hermano menor del dictador Francisco Franco.
La calle fue bautizada en el año 1927, porque Ramón Franco en ese momento ya era famoso por haber participado en el Vuelo del avión Plus Ultra, que realizó por primera vez un vuelo transatlántico entre España y América y que también tiene una pequeña calle en su honor en el barrio de Sarria.
Francisco Franco siempre quiso ser como su hermano, porque según dicen el hermano era parecido a él, pero más alto, más guapo y con más éxito entre las mujeres. También eran opuestas sus ideas políticas: Ramón era republicano. A pesar de que las circunstancias de la vida le empujaron hacia el bando nacional, dicen que cuando tomaba dos copas siempre se ponía a cantar la Marsellesa o el Himno de Riego. En 1930 se sublevó contra la monarquía y amenazó con bombardear el Palacio Real desde una avioneta. Algunos dicen que no lo hizo porque vio niños corriendo por los jardines y pensó que ellos no tenían la culpa de la monarquía.
Durante la República ocupó cargos de responsabilidad en la dirección de la Aeronáutica Militar. Incluso obtuvo cata de diputado por Esquerra Republicana de Catalunya. Cuando estalló la guerra se encontraba en Washington, como representante de la España Republicana. Pero al producirse el golde de estado se incorporó al bando nacional, no por ideas políticas sino por lealtad familiar.
Falleció en 1938 durante un bombardeo desde la base de Pollensa, al estrellarse el avión que pilotaba (el mismo avión que, al parecer, se proponía bombardear Barcelona). Su muerte sigue siendo un misterio. Algunas hipótesis dicen que fue provocada por sus propios compañeros de armas, que nunca lo aceptaron por ser rojo.
Sea como fuere, lo que si sabemos es que el apellido Franco sigue estando presente en la ciudad de Barcelona. Pero no en homenaje al dictador que durante casi 40 años oprimió el país, sino a su hermano, el republicano.
Presentación
enero 21, 2009
Pongamos que vive Ud. en BARCELONA; esa ciudad a orillas del Mediterráneo que fundaron los layetanos entre el siglo VII y el VI a.C., pero de la que no se oyó nunca hablar demasiado hasta 1992.
Pongamos que vive Ud. en un piso de dos habitaciones en el turístico barrio del Born, en el carrer dels Banys Vells nº16 para ser exactos.
Pongamos que que cada mañana se levanta a las ocho y cuarto, sale de su portal y atraviesa el carrer de Brosolí hasta Argentería.
Pongamos que llega a la parada de metro de Jaume I y ahí observa una vez más el tráfico de Vía Layetana antes de sumergirse en las entrañas de la ciudad.
Pongamos que cuatro paradas más tarde se baja en Llacuna, y se enfila por el pasatge de Masoliver hasta llegar al número 152 de la calle Ramón Llull, donde le espera su jefe con cara de pocos amigos por haber llegado con diez minutos de retraso.
Pongamos que es Ud. una persona curiosa, pero que jamás se había preguntado a qué se debían todos esos nombres extraños que se cruzaba cada mañana en su camino al trabajo.
Adivinar el porqué de la calle Banys Vells puede no ser lo más difícil, aunque quizás le interese saber que la calle se llamó inicialmente del Sitjar, por el depósito de cereales que se hallaba ahí, en el sótano del mismo edificio donde Ud vive, en el año 1350.
Quizá quiera también saber que el carrer de Brosolí sufrió del proceso de castellanización de los nombres de las calles, ocurrido durante la dictadura de Primo de Rivera. O que Argentería es una de las cinco calles cuyo nombre se ha mantenido invariable a lo largo de los siglos desde antes de 1450.
Ahora que ya sabe que los Layetanos fueron el pueblo íbero que se asentó en el esbozo de ciudad que llamarían Barcinon, quizá le impresione saber que la parada de metro de Llacuna toma su nombre de los lodazales que ahí existían, antes de que se contruyera un estanque a principios del siglo XIX.
Quizá no le sugiera tanto el Sr Masoliver i Freixas, que fue el rico propietario que en 1873 compró un terreno en el terreno que ha dado nombre a la calle actual. Si no le falla la memoria de Bachiller, recordará por último antes de entrar a trabajar que Ramón Llull (1233-1316) fue uno de los grandes escritores de la literatura medieval catalana, al que muchos bautizaron como el profeta de la prosa.
Las calles son en definitiva el testimonio de la construcción de una ciudad a través de los siglos, y con sus nombres rinden tributo a todo y todos los que pasaron por ella dejando huella. Nuestra tarea es desvelar en este blog algunos de esos nombres, y rastrear el pasado de esas calles.
Si está Ud. pensando ¿Qué rayos me están contando? mejor haga clic en la pestaña superior derecha y siga blogueando.Si por el contrario no le ha aburrido solemnemente este post, acaba de encontrar una pagina donde amenizar sus tardes cuando no tenga nada mejor que hacer. Bienvenido.



Barcelona s.XIX



